Una piedra llena de ranuras podía decidir quién se sentaba a juzgar un pleito en Atenas. Dentro de esas ranuras se colocaban pequeñas fichas con nombres; junto a ellas, un mecanismo de sorteo determinaba qué grupos eran seleccionados. Ese dispositivo era el kleroterion, una de las piezas que mejor explican hasta qué punto la democracia ateniense dependía de procedimientos concretos, además de discursos y grandes ideas.
Su función se entiende mejor si separamos tres cosas: elegir a las personas que van a decidir, asignarlas a un tribunal y votar el resultado del juicio. El kleroterion intervenía en la selección. No dictaba sentencias, no contaba votos y tampoco convertía automáticamente a todos los habitantes de Atenas en ciudadanos con derechos políticos.
Para reconstruir el proceso contamos con restos arqueológicos y con la Constitución de los atenienses, obra transmitida bajo el nombre de Aristóteles. Sus capítulos finales describen una organización sorprendentemente minuciosa: fichas de identificación, cajas, sorteos sucesivos, letras y bastones de colores. Veamos qué hacía cada elemento y dónde conviene distinguir una certeza de una reconstrucción.
Qué era el kleroterion y para qué servía
El kleroterion era un dispositivo para realizar sorteos públicos. Su elemento más reconocible es una losa de piedra con ranuras distribuidas en filas y columnas. Las ranuras recibían las fichas de los candidatos, conocidas como pinakia; en singular, pinakion. Al seleccionar o descartar una fila se escogía de una vez a un grupo de personas.
La palabra también aparece transcrita como kleroterión o cleroterio. Las variantes no designan máquinas diferentes. Lo importante es no confundir el aparato con el sorteo como práctica general: se podía sortear de otras maneras, por ejemplo sacando fichas de un recipiente. No todo cargo adjudicado por azar exigía necesariamente una máquina de piedra.
El caso que permite explicar el procedimiento con mayor detalle es la selección de jurados en la Atenas del siglo IV a. C. Aquí utilizaremos ese contexto. La vida política ateniense cambió a lo largo del tiempo, de modo que una descripción de esta época no debe proyectarse sin más sobre toda la historia de la ciudad ni sobre todas las ciudades griegas.
Si necesitas situarte en el contexto anterior, la entrada sobre el auge de Atenas en el siglo V a. C. ayuda a ubicar el desarrollo cultural y político de la ciudad. El aparato pertenece a una historia institucional más larga, no a un invento aislado que creara por sí solo la democracia.

Las piezas: piedra, fichas y elementos de sorteo
Las ranuras organizaban a los candidatos
La superficie de la piedra no era una decoración. Cada ranura mantenía una ficha en una posición concreta, de manera que las personas quedaban organizadas para el sorteo. La diferencia entre una columna vertical y una fila horizontal resulta esencial: las fichas se ordenaban por columnas, pero el resultado del sorteo afectaba a grupos dispuestos horizontalmente.
En el procedimiento judicial descrito en la fuente antigua aparecen cinco columnas por dispositivo. Esto no significa que todos los restos conservados deban tener exactamente ese aspecto. Hay que distinguir la explicación de un procedimiento particular de la variedad de objetos y fragmentos que la arqueología ha recuperado.
El pinakion identificaba a una persona
La ficha no expresaba un voto a favor de nadie. Identificaba al ciudadano que podía resultar seleccionado. En el capítulo 63 de la Constitución de los atenienses se describen tablillas de boj con el nombre del titular, el de su padre, su demo y una letra. El demo era una unidad de organización cívica: esa referencia ayudaba a precisar de quién se trataba.
También se conservan fichas de bronce. La investigación arqueológica distingue esas piezas de las tablillas de madera mencionadas por el texto. No hay que convertir dos testimonios de materiales y momentos distintos en una contradicción automática. La madera tiene, además, muchas menos posibilidades de conservarse durante siglos que el bronce.
El azar se introducía mediante piezas claras y oscuras
Las explicaciones modernas suelen mostrar un tubo lateral, con una entrada superior y una salida controlada, por el que caen piezas de dos colores. Su salida decide qué fila se acepta y cuál se descarta. La fuente antigua menciona piezas blancas y negras; muchas reconstrucciones emplean bolas porque permiten visualizar con facilidad ese funcionamiento.
Conviene ser prudente con los detalles de la palanca, la forma exacta de cada pieza o el material de todos los componentes. Una reconstrucción funcional enseña una solución posible a partir de los testimonios disponibles. No equivale a conservar una máquina antigua completa, con cada pieza móvil intacta.
Cómo funcionaba el kleroterion, paso a paso
La explicación siguiente sigue principalmente los capítulos 63 a 66 de la obra aristotélica. Las traducciones antiguas pueden emplear expresiones como «salas de sorteo» en pasajes que la investigación posterior relaciona con los aparatos. Por eso es útil leer el texto junto con los hallazgos arqueológicos, en vez de imaginar únicamente una habitación en la que alguien sacaba nombres de una bolsa.
1. Comprobar quién podía participar
El sorteo no comenzaba con todos los habitantes de Atenas reunidos en igualdad de condiciones. Para ejercer como jurado había requisitos previos. La fuente exige superar los treinta años y no estar privado de derechos ni tener deudas con el tesoro público. Se trataba de ciudadanos varones dentro del sistema cívico ateniense.
Esta precisión cambia el sentido de la expresión «cualquiera podía ser elegido». Cualquiera dentro del grupo admitido no es lo mismo que cualquier residente. Las mujeres, las personas esclavizadas y los extranjeros residentes no formaban parte de ese cuerpo de jurados ciudadanos. El aparato repartía oportunidades dentro de un marco político que ya había establecido exclusiones.
2. Depositar y mezclar las fichas
Los candidatos depositaban sus tablillas en cajas identificadas con letras. Cada persona utilizaba la caja correspondiente a la letra de su ficha. Después se mezclaban las tablillas y se extraía una de cada caja para designar a quien debía colocarlas en el dispositivo.
Este encargado recibía el nombre de empektes. Su elección también se hacía por sorteo. El texto explica el motivo: evitar que una misma persona controlara siempre la colocación y pudiera manipularla. La precaución muestra que la confianza no descansaba únicamente en afirmar que el proceso era aleatorio; se prestaba atención a quién preparaba ese proceso.
3. Distribuir las tablillas en las columnas
Las fichas de cada caja se colocaban en la columna identificada con la letra correspondiente. Así se construía una disposición ordenada a partir de tablillas previamente mezcladas. Cada fila reunía varias identidades que compartirían el resultado de una extracción.
Es fácil imaginar erróneamente que cada ranura tenía su propia bola o que el ciudadano elegía el hueco que más le convenía. La lógica del procedimiento es otra: la organización por letras y la colocación de fichas forman parte del sorteo. El participante no escoge después la fila ganadora ni conoce por anticipado su destino.
4. Seleccionar filas mediante las piezas del sorteo
La cantidad de piezas blancas se ajustaba al número de jurados necesarios. En la descripción antigua, una pieza blanca corresponde a cinco tablillas. Las piezas negras completaban el conjunto para las filas que no debían ser seleccionadas. Se extraían sucesivamente y se proclamaban los nombres de los elegidos.
El punto importante es que una extracción afectaba a una fila completa. No se sorteaba una sentencia ni se atribuía un valor moral al color: blanco indicaba selección y negro, exclusión de ese servicio. Quedar fuera no constituía una condena ni significaba perder la ciudadanía.
5. Asignar a cada seleccionado un tribunal
Ser elegido para servir ese día no daba derecho a escoger el pleito. Había una nueva asignación por azar. Cada seleccionado obtenía una señal con una letra que lo vinculaba a un tribunal, y su ficha se enviaba al recipiente correspondiente. La fuente explica expresamente que esto impedía reunir a voluntad un grupo concreto de jurados en una sala determinada.
La distinción es crucial: seleccionar personas y distribuirlas son problemas diferentes. Un sorteo inicial serviría de poco si, después, alguien pudiera colocar a todos sus conocidos en el tribunal que debía juzgarlo. La segunda fase intentaba cerrar precisamente esa posibilidad.
6. Controlar la entrada y repartir otras funciones
El ciudadano recibía un bastón del color asociado a su tribunal. La combinación de letra y color permitía comprobar que se dirigía al lugar asignado. Al entrar recibía otra señal, y las cajas con las identidades servían también para organizar la devolución de fichas y el pago.
El azar seguía interviniendo en otras tareas: la asignación de magistrados a tribunales y la designación de responsables del reloj de agua o del recuento de votos. La máquina era, por tanto, una parte de una cadena de controles. Sacar una pieza del tubo no agotaba todo el procedimiento.
Un ejemplo sencillo para entender la selección por filas
Imagina una demostración con treinta participantes ficticios distribuidos en seis filas de cinco fichas. Se necesitan quince personas. Para reproducir solo la lógica básica de selección utilizamos tres piezas blancas y tres negras, mezcladas, y asociamos cada extracción a la siguiente fila. Es un ejemplo didáctico reducido, no una reconstrucción de todas las reglas históricas.
| Fila | Pieza extraída | Resultado |
|---|---|---|
| 1 | Negra | Cinco personas no seleccionadas |
| 2 | Blanca | Cinco personas seleccionadas |
| 3 | Blanca | Cinco personas seleccionadas |
| 4 | Negra | Cinco personas no seleccionadas |
| 5 | Negra | Cinco personas no seleccionadas |
| 6 | Blanca | Cinco personas seleccionadas |
El resultado es quince seleccionados: las filas segunda, tercera y sexta. Las tres piezas blancas no representan a tres personas, sino a tres grupos de cinco. Esta pequeña diferencia explica por qué el dispositivo permitía gestionar muchas candidaturas mediante un número menor de extracciones.
En este modelo simplificado, si todas las posiciones de las piezas son igualmente probables, cada fila tiene tres posibilidades entre seis de ser elegida. Sin embargo, las personas de la misma fila comparten resultado. No son treinta sorteos independientes. Comprenderlo ayuda a interpretar el aparato sin atribuirle propiedades que no tiene.
El ejemplo tampoco incorpora las divisiones cívicas, la elección de los encargados de colocar fichas ni la asignación posterior a tribunales. Sirve para entender la mecánica central. Para explicar el sistema ateniense completo hay que volver a esas reglas, porque también condicionaban quién participaba y qué sucedía después.
Por qué Atenas utilizaba el sorteo
El sorteo distribuía responsabilidades sin exigir que cada candidato reuniera más votos, fama o apoyos personales que los demás. Dentro del grupo habilitado, la selección no dependía de ganar una campaña. Esto encajaba con una forma de participación política en la que numerosos ciudadanos podían desempeñar funciones públicas durante su vida.
No significa que Atenas prescindiera de las elecciones. El capítulo 61 de la Constitución de los atenienses describe la elección de los estrategos y otros cargos militares mediante votación. La oposición «los griegos sorteaban y nosotros votamos» resulta demasiado simple: el sistema ateniense combinaba procedimientos distintos según la función.
Tampoco debe confundirse el sorteo con la decisión sobre una ley o un litigio. Los ciudadanos podían ser seleccionados por azar para integrar un órgano y después decidir mediante votos. El método utilizado para formar un grupo no determina automáticamente el método que ese grupo emplea para resolver sus asuntos.
La preocupación por la manipulación aparece en varios momentos del relato antiguo: sortear al colocador de fichas, impedir que cada jurado elija tribunal y repartir otras funciones sin conocer de antemano a sus responsables. Son medidas dirigidas a dificultar acuerdos previos. Eso no demuestra que la corrupción desapareciera, ni que todos los veredictos fueran acertados.
Además, había remuneración por el servicio judicial. El texto menciona tres óbolos para los jurados. No hace falta convertir esa cantidad a euros para entender su importancia: participar requería tiempo, y recibir un pago era una cuestión distinta de resultar seleccionado. El azar por sí solo no resuelve los costes materiales de ejercer una responsabilidad pública.
Los límites de la igualdad ateniense
El interés del kleroterion no exige idealizar la sociedad que lo utilizó. La igualdad política ateniense estaba limitada por la definición de ciudadanía y por las condiciones para ejercer cada función. El dispositivo no cuestionaba esas fronteras. Las daba por establecidas antes de que comenzara el sorteo.
Para comprender esa distancia resulta útil leer sobre la esclavitud en la antigua Grecia. Una sociedad podía desarrollar procedimientos sofisticados para distribuir el poder entre ciudadanos mientras mantenía a otras personas excluidas de esos mismos derechos.
También conviene separar las distintas etapas de las reformas atenienses. La trayectoria que suele explicarse a partir de Solón de Atenas no permite atribuirle automáticamente la invención de esta máquina. Un antecedente político, la extensión del sorteo y la aparición de un mecanismo concreto son cuestiones relacionadas, pero diferentes.
La Universidad de Hamburgo, que ha reconstruido el aparato con fines de investigación y enseñanza, señala que no puede establecerse con claridad cuándo y cómo se inventó. Su proyecto sobre el kleroterion permite ver precisamente la utilidad de contrastar los textos con una experiencia práctica. Conviene evitar una fecha exacta de invención cuando la evidencia no la sostiene.
Qué podemos reconocer en los restos arqueológicos
Al mirar una fotografía del kleroterion, fíjate primero en las ranuras. Su repetición permite reconocer que estamos ante un objeto destinado a organizar fichas. Observa después los bordes rotos y las zonas incompletas: lo que hoy vemos puede ser un fragmento, no la totalidad del dispositivo tal como funcionó.
La fotografía de esta entrada procede del Museo del Ágora Antigua de Atenas. Sirve para observar el soporte de piedra y la disposición de los huecos, pero no muestra un tubo antiguo completo en funcionamiento. Al comparar imágenes de museos y reconstrucciones modernas, pregunta siempre qué partes son originales y cuáles se han añadido para explicar el mecanismo.
Preguntas frecuentes sobre el kleroterion
¿Era una máquina para votar?
Era una máquina para seleccionar personas por sorteo. La votación judicial posterior empleaba otros objetos y otro procedimiento. En la descripción antigua, los jurados recibían dos piezas de voto y depositaban la elegida en la urna que contaba para el resultado.
¿Elegía a todos los gobernantes de Atenas?
No. El sorteo tenía un papel importante en la organización política, pero había cargos electivos, entre ellos los militares. Además, que una función se adjudicara por sorteo no demuestra por sí solo que se utilizara siempre el mismo tipo de kleroterion.
¿Las bolas blancas y negras decidían la culpabilidad?
No. En la explicación de la selección, su color determinaba qué filas de candidatos entraban en servicio. Confundir ese momento con la sentencia cambia por completo la función del aparato. Primero se constituía el tribunal; después se escuchaba el caso y se votaba.
¿Se conserva la máquina completa?
Se conservan soportes y fragmentos arqueológicos, además de fichas relacionadas con el sorteo. Las versiones operativas que se muestran en demostraciones son reconstrucciones. Resultan útiles, pero sus soluciones mecánicas deben distinguirse de las piezas antiguas efectivamente conservadas.
¿El sorteo garantizaba decisiones justas?
No podía garantizarlo. Ayudaba a distribuir funciones y a dificultar ciertas formas de manipulación previa, pero no eliminaba los prejuicios, los errores de juicio ni las exclusiones políticas. Seleccionar de manera imparcial y decidir correctamente son problemas distintos.
El kleroterion permite acercarse a la democracia ateniense desde un objeto concreto. Una ficha identificaba al ciudadano, una fila lo vinculaba a otros candidatos y una extracción podía darle una responsabilidad pública. Entender esa secuencia, con sus controles y sus límites, ofrece una imagen mucho más precisa que imaginar una piedra capaz de fabricar justicia por sí sola.
Fotografía destacada: Xocolatl, Wikimedia Commons, dominio público. Adaptada a formato cuadrado mediante un marco, sin alterar el objeto fotografiado.