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El primer premio gastronómico se inventó en la antigua Grecia

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Aunque no se trata de una estrella Michelin como todos la conocemos, el primer premio gastronómico se originó en la Antigua Grecia.

El mundo de la Antigua Grecia no se limitaba a las fronteras actuales. Muchas ciudades de otros territorios mediterráneos hablaban la lengua griega y tenían la misma religión y cultura. Un ejemplo de ello es Síbaris, una de las principales ciudades de la Magna Grecia.

Situada en la actual región de Calabria, Síbaris sentó las bases de la cocina tradicional calabresa, una de las más populares de la península itálica.

El escritor Ateneo, cuya obra Banquete de los eruditos constituye una base bastante importante para el estudio de las antiguas costumbres alimentarias, relata la realidad cotidiana de aquel lugar. La vanidad y la pereza de los habitantes iban de la mano. Era una ciudad marcada principalmente por el descanso, la buena comida y la ostentación de la propia riqueza.

Las anécdotas de la época cuentan cómo un sibarita sufrió un tirón muscular con sólo ver a un campesino trabajar. Esto nos da una idea muy clara de cómo debía ser su vida cotidiana.

La cocina de Síbaris

La búsqueda constante de los productos más raros y deliciosos llevó a la ciudad a convertirse en uno de los puertos más críticos para el intercambio de productos alimenticios, especialmente pescado. La riqueza de la ciudad venía definida por su ubicación.

La tierra sobre la que se asentaba producía algunos de los mejores vinos del Mediterráneo. Además, había jardines de exquisitas hierbas y fresas, y amplias cantidades de miel proporcionaban a los sibaritas un producto superior durante todo el año.

Así mismo, los atenienses sentían un amor especial por el pescado y los productos marinos, sobre todo las anguilas que pescaban en las aguas del río Crati.

La pasión y manía de los sibaritas por la comida podía ser a menudo un punto negativo para los ciudadanos. Eran bastante desagradables y se centraban en presumir de sus raros manjares. Sin embargo, este exagerado apego material también dio lugar a una de las innovaciones gastronómicas más singulares de la época.

El premio al mejor cocinero de la Antigua Grecia

Según Ateneo, la figura del cocinero era muy respetada y apreciada en Síbaris. Por lo tanto, su amor por la comida les llevaba también a valorar a la persona que la preparaba con paciencia y talento. De ahí que se decidiera recompensar de algún modo esta delicadeza. Fue así como nació una especie de patente culinaria o premio gastronómico en la antigua Grecia.

El cocinero que lograba crear una combinación de platos novedosa, definida por sabores únicos y atrevidos, era honrado con un tipo de premio alimentario. De este modo, el galardonado se convertía en la única persona autorizada a preparar el plato especificado durante todo un año natural.

De este modo, la fama del chef se disparaba en un abrir y cerrar de ojos. ¿Quién sino un sibarita habría pagado oro por probar un nuevo plato suntuoso y poco común del que poder hablar a todo el mundo?

Sin duda, Síbaris era una ciudad extravagante y mundana, dedicada a los placeres de la vida e indudablemente abierta de mente. Era una ciudad adelantada a muchas otras durante la Antigüedad.

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